El calentamiento global
está obligando a las ciudades a planificar su desarrollo de manera
distinta. Las islas de calor que generan el pavimento, las construcciones, la
carencia de zonas verdes y de árboles producen efectos que se amplifican por el
calentamiento global. Las estructuras urbanas sin árboles y con vastas áreas
pavimentadas no solo generan días más calientes, sino que, dado que estas
estructuras liberan calor durante la noche, también aumentan la temperatura en
las noches. La temperatura promedio en las ciudades grandes y densamente
pobladas es, en promedio, seis grados más alta que en sus áreas periféricas.
Según mapas elaborados por la Agencia
Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, el efecto de las islas
de calor afecta de manera diferenciada a los distintos grupos sociales. Los
vecindarios ricos, que normalmente tienen más árboles, jardines y parques,
presentan en promedio temperaturas más bajas que las áreas de los vecindarios
pobres, que los tienen en menor número y en espacios más reducidos.
En Washington, que quizá fue la primera
ciudad que dibujó sus calles y zonas verdes antes de iniciar el proceso de
asentamiento, ya hay preocupación y se exploran alternativas de adaptación al
calentamiento global. Según el D.C. Policy Center —organización de expertos,
políticamente independiente, comprometidos con el bienestar de Washington
D.C.—, en la ciudad se registran muy diversos grados de calor, según la
presencia y el tamaño de los árboles, y las zonas verdes en los vecindarios.
Por falta de árboles y zonas verdes, las temperaturas son más altas en los
vecindarios pobres, y esto hace que sus habitantes sean más vulnerables a
enfermedades asociadas con calores intensos.
En este contexto, al debate generado
por la tala de árboles en Bogotá hay que sumarle el efecto positivo del árbol
frente al calentamiento global y las islas de calor. Un árbol de gran tamaño
tiene un efecto muy distinto al de diez árboles pequeños. Esta es otra razón
para plantear que si hay un plan de renovación arbórea en algunas áreas de la
ciudad, se haga de manera gradual, pues los grandes árboles no solo son refugio
de fauna sino reguladores de temperatura.
Excepto por el incremento en el nivel
del mar en Cartagena, poco hemos reflexionado sobre el efecto del calentamiento
global sobre las áreas urbanas. La disponibilidad de agua, las lluvias
torrenciales, las olas de calor, los veranos intensos y el efecto de las altas
temperaturas sobre los pobladores urbanos son factores que deben influir en una
urgente y hasta ahora inexistente estrategia de desarrollo urbano en Colombia,
donde la adaptación al cambio climático es tarea urgente. El debate generado en
Bogotá nos debe llevar a un estructurado proceso de planificación urbana en
todas las ciudades de Colombia.
En el contexto global, Londres es un
buen ejemplo de una ciudad que planifica su adaptación al calentamiento global;
también la Unión Europea está desarrollando un marco regional para sus
ciudades. En Estados Unidos ciudades como Nueva Orleans y Phoenix son
ejemplos de procesos adaptativos.
Iniciemos nuestro propio proceso de
adaptación urbana al calentamiento global pues, entre otras razones, este es un
tema de equidad y salud pública.
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